Náufrago en tierra

lunes 20 de abril de 2009

INFANCIA, RECUERDOS


Evidentemente todo empezó el mismo día en que nací, pero lamentablemente hace tantos años de eso que francamente no recuerdo la fecha, era tan pequeño que no recuerdo nada, pero si sé con certeza que nací el mismo día en que se celebra la fundación de Roma, sé también que el año de su fundación no está claro, hay discrepancias, incluso divergencias en el siglo pues se discute la autenticidad del año pero, desde hace mucho tiempo yo acepté, en cuanto al año, al sugerido por Atticus y, en cuanto al día, acepté el día en que en el monte Capitolino, a mediodía de un día de abril de cada año, una campana especial llamada 'la Patarina' suena en el Campidoglio para conmemorar la fundación de Roma, es decir, mi día de aniversario. También, con otros personajes notables compartimos aniversario celebrándolo el mismo día que el mío: Isabel II, Reina de Inglaterra, es un buen ejemplo... pero como su cargo de Reina lleva implícito la jefatura de la Iglesia anglicana, no le permiten estar en el Facebook, claro este hecho no facilita las cosas para podernos felicitar nuestros mutuos aniversarios.

Los expertos en los sentidos del bebé dicen que lo que más nos atrae de recién nacidos de nuestra madre es su olor y su piel. La textura de su piel y su olor son tan identificativos que a los primeros días ya somos capaces de distinguirlos, archivarlos en nuestra memoria y, con toda certeza, permanecerán en nuestro insconsciente y no nos abandonará nunca esa sensación de protección amorosa. Ahora al hacer memoria sobre el inicio de mi vida surge con fuerza la evocación de ese aspecto protector y amoroso de mi madre y, es cierto, que se recuerdan sensaciones, olores y voces que uno no sabe determinar cuando fueron percibidas, pero están dentro de mí y forman parte de mi ADN.

Al remontarme a los primeros recuerdos de mi infancia tengo que esforzarme para rememorarlos, son evocaciones que permanecen almacenados en algún rincón de la mente. Lugar extraño de nuestro ser donde se guardan las vivencias que ya no están presentes, son pequeños fantasmas que cohabitan gestionando el olvido. Son tiempos furtivos, escapados del tiempo real en que estoy viviendo, tiempos pasados y olvidados pero como dejo escrito el filósofo Giambattista Vico hablando de la infancia estableció tres fases en el proceso de desarrollo individual humano:

La fase de los sentidos: Es la infancia en la cual el niño, 'infans', que en latín significa "que no habla", se relaciona con el medio a través de los sentidos. La fase de la fantasía: Es la fase de la niñez, en que el niño interpreta el mundo a través de la fantasía. Según Vico: "En los niños la memoria es vigorosa; de ahí que sea viva hasta el exceso su fantasía, que no es otra cosa que la memoria ensanchada o compuesta". Y finalmente, la fase de la razón: La juventud en la que, sin que desaparezca la fantasía, comienza el predominio de la razón. El sentido común se genera de lo verosimil como la ciencia se genera de lo verdadero y el error de lo falso. Por tanto, lo verosimil es como intermedio entre lo verdadero y lo falso, ya que en la mayoría de las veces, es verdadero, y las menos, falso. En efecto, tal como en la vejez prevalece la razón, en la juventud prevalece la fantasía, y no conviene de ninguna manera ahogarla, ya que siempre se la considera como feliz indicio del genio futuro. Y la memoria, si no es todo uno con la fantasía, es prácticamente la misma cosa... (Vico, Antología. 1989: pág. 43 Edición de Rais Busom).

Mis primeros recuerdos se refieren al primer estadio: a mi infancia. Aunque, por lógica los primeros recuerdos son los contados por mi madre, a ella le gustaba decir que tenía un solo hobby, el bañar a su niño, darme de comer, contarme cuentos, vestirme, etc. había abandonado a su familia en América para construir otra. El primer recuerdo se remonta cuando mis padres recién llegados de América, mi madre de nacionalidad Uruguaya y mi padre catalán, se instalan en una casita de planta baja en las afueras de la ciudad de Barcelona. Por tanto esos primeros recuerdos parten de esa casa con un jardín, con flores y árboles frutales y, algo que parece ser fue determinante en mi afición a curiosear: un pequeño estanque con flores de loto y renacuajos que, según parece, era mi entretenimiento preferido. Me pasaba las horas contemplando el estanque maravillado por la metamorfosis de seres diminutos y escurridizos como se convertían en ranitas. Mi madre me decía que mientras contemplaba extasiado las maravillas de mi pequeño mundo mantenía una postura muy filosófica, sentado en mi silla subía mi piececito hasta la boca y, absorto en mi mundo microscópico, succionaba los deditos de mi pie con auténtica pasión, de igual manera que un adolescente, de hoy en día, contempla la 'Guerra de las Galaxias', comiendo sus pipas.

Pocos meses después, mi madre y yo con 15 meses nos dirigimos a visitar y a conocer a la desconocida familia Femenia que vivían en Argelia. En aquellos tiempos Argelia era colonia francesa y todos hablaban francés empezando por mi madre. Embarcamos en el puerto de Barcelona destino Argelia, en el buque "Sidi Mabrouk", a la llegada a Argel, capital, nos dirigimos a un pueblo muy cerca de la ciudad, llamado L'Alma, hoy en día se llama 'Boudouaou'. Mi madre en la travesía se mareó pasando un viaje endemoniado, pero a mí se me ocurrió dar por mí mismo los primeros pasos en el 'Sidi-Mabrouk'. Parece ser que la puerta del camarote no cerraba bien y se entreabría, entonces yo gateaba salvando la puerta saliendo a pasear por cubierta con el desespero lógico de mi madre que mareada tenía que perseguirme hasta alcanzarme. Tantas veces como la puerta se abrió yo salí a dar el paseo de rigor, esperando naturalmente que mi madre, una y otra vez, viniese a recogerme con el deleite por mi parte al haber descubierto uno de mis primeros juegos.

Lo de los juegos se repitió a diario y con todo, creo que desde que nací no he parado de jugar y de buscar juegos, al niño que llevo dentro le interesan y le fascinan. Aprendí un nuevo juego que repetía a cada comida, me ponían el plato en la mesa, yo sentado en una silla alta junto con los demás comía mi arroz en un plato de aluminio y, cada vez vez que terminaba la comida, invariablemente me ponía el plato sobre la cabeza regando por toda mi cara los granos de arroz que había dejado en el plato. Con la instantánea del plato en la cabeza y la cara llena de arroz hacía una pequeña reverencia a los otros comensales para que el plato resbalase hasta caer... al suelo provocando el estruendo satisfactorio con la sonrisa de quien que se sabe dominador de la situación y foco principal del pequeño 'teatro' del primer acto de una vida recién iniciada.

Bien, pues con esta imagen de la reverencia con mi cara llena de arroz y el sonido del plato al caer al suelo, es la que hago servir ahora, para saludar a todos los que me hayan leído, para ellos mi mejor sonrisa de agradecimiento intentando redescubrir la inocencia que llevamos dentro. Me gusta esta frase de Friedrich Nietzsche:
La madurez del hombre es haber vuelto a encontrar la seriedad con que jugaba cuando era niño.
El Sofista de Facebook

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