Náufrago en tierra

sábado 2 de enero de 2010

Nobel de la Paz, cuestionado.



Según el testamento de Alfred Nobel este premio se otorga a la persona que haya trabajado en favor de la fraternidad entre las naciones, la abolición o reducción de los ejércitos existentes y la celebración y promoción de procesos de paz.

Teniendo en cuenta esas premisas nunca entenderé como se pudo otorgar el Premio Nobel de la Paz a Henry Kissinger. H. Kissinger asesor ejecutivo del Consejo de Seguridad Nacional y después Secretario de Estado de los Estados Unidos nombrado por el Presidente Nixon, Kissinger fue el que diseñó la 'nueva' política exterior de los EE.UU. Cuestionado por las múltiples violaciones de los derechos humanos (Chile de Pinochet) y por genocidio (Vietnam, Laos, Camboya) llegó a ser considerado como el arquitecto del golpe de estado. El Instituto Nobel Noruego después de analizar y valorar su trayectoria política le otorgó el Premio Nobel de la Paz (1973)

El escritor Gore Vidal lo definió como el mayor crimimal de guerra, el propio Gore Vidal sabe mucho de todos los problemas en los que estuvo involucrado H. Kissinger, entre muchos otros, el problema del 'Sahara español' y el pacto de 1975 propiciado por Kissinger y España. Hasta el juez Baltasar Garzón formuló una comisión rogatoria por violación de derechos humanos al Dr. Kissinger pero ésta fue rechazada por el Departamento de Estado de los EE.UU.


Sí un hombre como Henry Kissinger se le pudo otorgar el Premio Nobel de la Paz, no es de extrañar que alguien como Barack Obama se lo hayan concedido. Contrariamente a los deméritos de Kissinger, Barack Obama no tiene un historial con una ejecutoria relevante, tampoco una trayectoria con una obra bien hecha que pueda ser considerada meritoria para obtenerlo, o al menos, sí nos atenemos a lo que dice la letra y el espíritu de los principios por los que debe ser concedido el Nobel de la Paz, creo que más bien Obama se ha situado en el extremo opuesto.



A diferencia de otro premio Nobel de la Paz estadounidense, como fue Martin Luther King, Obama carece de un mínimo trabajo bien hecho, tampoco por haber andado un camino ejemplar como el recorrido por el pastor baptista y teólogo Martin Luther King. Sus actividades en favor de la igualdad racial y su discurso 'I have a dream' fueron, entre otros muchos, los que le permitieron ser investido con el Premio Nobel de la Paz conseguido justamente por la defensa de los derechos civiles por métodos pacíficos, trayectoria inspirada en la figura de Mahatma Gandhi [1]. Las actividades de Martin Luther King fueron tantas y tan relevantes que él sí fue un justo merecedor del Nobel de la Paz. Posiblemente, esa defensa de los derechos civiles y de la igualdad racial, son los que, de alguna forma, permitieron años más tarde a que Barack Obama llegara a la Presidencia de los EE.UU.

Es cierto que, Barack Obama cuando era candidato a la Presidencia de los EE.UU., despertó en la ciudadanía de su país una esperanza en muchos ciudadanos cansados de la gobernabilidad de Bush, obteniendo el apoyo entusiasta de la juventud como nunca otro candidato haya despertado. No quiero negar que muchos ciudadanos europeos veíamos con esperanza que, con la Presidencia de los EE.UU. alcanzada por Barack Obama, la política de guerra y el inexplicable Guantánamo desapararecerían.

Sus promesas fueron el aliciente de una multitud entregada que escuchaba su mensaje nuevo, con una oratoria fresca y clara. Todo apuntaba que, de lograr ser el futuro Presidente de los EE.UU., sería el hombre con las agallas suficientes para conseguir lo que la mayoría de los ciudadanos esperaban, decepcionados y cansados de la desastrosa administración Bush y deseosos de un cambio radical. Es posible que muchos de sus seguidores interpretaron, en un acto de buena fé, que la concesión del Premio Nobel de la Paz podía interpretarse como un acicate al pacifismo, pero pronto han caído en cuenta de que, con sus decisiones bélicas, no era así. Obama ha mostrado su lado más conservador, dejando al descubierto un futuro lleno de incertidumbre. Y, lo que es más grave, nadie sabe el presupuesto económico necesario para construir —que no reconstruir— un país como Afganistán. Una guerra que, presumiblemente terminará con el rabo entre las piernas, como le ocurrió a la URSS. Demasiado dinero para nada, precisamente en un tiempo en que la primera necesidad de los EE.UU. es salir de la crisis.

Barack Obama, desde que asumió la Presidencia de los EE.UU. es el Comandante en Jefe de las tropas desplegadas en Afganistán, es el Jefe máximo que ha sustituído al Comandante Bush. La guerra de Afganistán se inició por la Administración Bush en el 2001 con la 'Operación Libertad Duradera' para invadir y ocupar el país asiático. Los primeros ataques se produjeron por la búsqueda de Osama Bin Laden y en contra de posibles campos de entrenamiento de Al Qaeda... donde se 'sospechaba' que tenían missiles tierra-aire... suministrados por el propio Estados Unidos, cuando apoyaban a la 'resistencia afgana' durante la invasión soviética de los años 80.

Aquellos que eran llamados por los EE.UU. la resistencia, ahora son los insurgentes, se da la paradoja que los insurgentes, es decir, los 'sublevados' son los que luchan y defienden sus tierras y su país y los 'invasores' son los pacificadores... Por lo que vemos el significado de las palabras, del lenguaje en sí, está demudándose desfigurando el verdadero concepto que tenemos de ellas. La globalización nos trae nuevas acepciones de las palabras que alteran su significado, es una forma más de que las palabras sean utilizadas como munición y sirvan para desinformar sobre los 'conflictos', es decir, lo que nosotros llamamos guerra. Poco a poco, las nuevas acepciones se filtran en nuestra piel, por ello ya no entendemos qué es un Premio Nobel de la Paz, ni por qué se da y quién lo recibe por qué lo acepta.

El candidato Obama consiguió su meta alcanzando la Presidencia de su país y, poco a poco, se ha visto como sus promesas se han diluído en la maraña parlamentaria y limitado por los poderosos lobbys que, en cierta medida, controlan el Congreso y el Senado. A Barack Obama no debieron otorgarle el Premio Nobel de la Paz, ese premio no se debió conceder por las promesas de un mundo mejor. De concedérselo debería ser por la trayectoria de sus acciones y por los méritos contrastados los que debieran encumbrarle para ser un digno Premio Nobel de la Paz, no por unos sueños que no se han realizado. Nunca debieron habérselo concedido, no fue merecedor de tal premio. Obama nada ha conseguido todavía, es posible que en el futuro sus méritos le hagan acreedor de tal honor pero no por un sueño colectivo que los ciudadanos americanos percibieron que con él alcanzarían. La triste realidad es que esos sueños se quedaron en eso, en un sueño no conseguido.

Así no es de extrañar que un golpista como Roberto Micheletti, el Presidente 'de facto' de Honduras, —reconocido por los EE.UU de Barack Obama— ahora, a través de organizaciones interesadas, lancen una campaña de firmas en apoyo de la candidatura al Premio Nobel de la Paz fomentada por la Organización Hondureña Francisco Morazán y la America's Democracy Watch. Es risible que un 'golpista' se atreva a que sus amigos le propongan para un honor que nunca se merecerá. Parece ser que, cualquiera que dé un golpe de estado, haga la guerra o invada a países para que, —como en algún caso reciente— sea para imponerles la democracia a sangre y fuego, con el infame balance de millares de muertos. Y que el recorrido de esos caminos, puedan ser considerados como méritos suficientes para alcanzar este premio, es como si en ese 'mundo global' tuvieran unas reglas de moralidad distintas o que la conducta con que se mueven los líderes tuvieran algo similar a una 'bula cretina' pudiendo excederse muy por encima de la inteligencia de la gente normal que viven y trabajan en este mundo globalizado.

[1] Mahatma Gandhi nunca recibió el Premio Nobel de la Paz, aunque fue nominado cinco veces. Décadas después de su muerte el Comité que administra el premio Nobel declaró la injusticia de tal omisión.








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